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Cipriano Mera cuenta su infancia.
Entrevista realizada por Rafael Grossi del Ateneo Libertario de Vallekas en Paris 1973. Proporcionada por el compa Paco de LaTarde Libros (Madrid). 16 min.  Descargar MP3 (7,8MB)

"Cipriano es un niño escuálido destinado una vida miserable y a una muerte pronta, segura. Nace el 4 de noviembre de 1897 en la calle Juan del Risco 6, donde tienen una chabola. Sus padres, Vicente y Guillerma son traperos. Han logrado huir del hambre del campo a la ciudad. Con un carro tirado por un mulo van por las noches a la calle de Fuencarral y Paseo de la Catellana a recoger las basuras de los señores. Después las clasificarán y revenderán: abono, papeles, hierros,...

Su Madre es viuda a los 31 años y su padre de 20 es albañil ocasional en los tajos que salen. Tiene 4 hermanas: Fernanda, Alfonsa, Francisca y Ángela. En 1905, con ocho años Cipriano se va con su padre a arrancar con las manos hierba para los conejos de casa.No hay fotos familiares de la época. Solo tenían dinero para subsistir al día.

 
 

No va a la escuela, no sabe ni leer ni escribir; como sus padres, como el 90% de la población de España.Es un niño libre y listo. Vive en la calle, con los otros muchachos y se hace querer y respetar en las pandillas. Su padre le lleva a buscar comida: salen temprano hacia El Pardo, el bosque del Rey, donde hay liebres, perdices y gamos para el disfrute de Alfonso XII.

Se introducen en el bosque y preparan las trampas para la caza furtiva. El silencio y el acecho son las normas para no asustar a la presa y para ellos no ser presa de los guardas. Cazadores y presas. Cipriano observa los movimientos, los rituales de los animales, la naturaleza que marca su infancia. Entrena sus ojos para descubrir al enemigo, para sentir el peligro. Agudiza su intuición y deja libre su imaginación en una naturaleza que es como "un Paraíso Perdido" en medio de la pobreza y el raquitismo.

Cazar en los predios del Rey de España le sitúa, a la edad de 10 años, en un fuera de la ley de los hombres. La libertad de los días de caza y la inocencia de los ojos del niño tallarán el futuro rostro de Cipriano.

Se trasladan a la calle Lepanto 22 en Tetuán de la Victorias. Cipriano se revuelve para tapar su hambre eterna: recoge setas, bellotas, romero que vende por las calles de su barrio. Por la noche ayuda a su madre con el carro y las basuras. Las clasifica. La calle es su mundo. Descubre, poco a poco, la diferencia entre tener y no tener, entre comer y no comer. Pero también va a descubrir lo que es la muerte: en El Pardo han logrado cazar un corzo. El animal aún resuella. Hay que matarlo rápido para que no les descubran. La muerte necesaria. Los ojos fijos del joven animal se hincan en el corazón del joven cazador furtivo. En 1909 Barcelona arde en su Semana Trágica contra las levas para la guerra de Marruecos.

Con 12 años aún no puede trabajar como peón de albañil, una profesión con futuro y a la que todos aspiran. La única industria de Madrid. Su padre ya intenta colocarlo, pero es pronto. Por las tardes entra a trabajar como tejero en una fabrica de ladrillos. Una y mil tejas pasan por sus manos de niño sin escuela..."

Eduardo de Guzmán sobre Cipriano Mera


Tiempo de Historia nº 13 diciembre de 1.975

"Nacido en Madrid en 1896, toda la infancia y la juventud de Cipriano Mera discurre en las proximidades de Estrecho, en la parte alta de Cuatro Caminos, cerca ya de Tetuán, en unas barriadas proletarias y humildes que se extienden por un lado hasta la Dehesa de la Villa y por otro sobrepasan Peña Grande para alcanzar las tapias del Pardo.

Un buen novelista español, un tanto olvidado en los últimos tiempos -Vicente Blasco Ibáñez-, describe brillante y coloridamente en una de sus novelas -«La Horda»- lo que son estos barrios a comienzos de siglo. Callejuelas largas, estrechas, retorcidas, sin pavimentar, bordeadas por edificios de una o dos plantas, con incómodas y reducidas viviendas donde difícilmente caben numerosos moradores. Son en su casi totalidad familias proletarias más abundantes en bocas que en recursos. Abundan los traperos que por las madrugadas bajan al centro con carritos y seras para recoger las basuras y desperdicios de la gran ciudad. Y no faltan en los extensos descampados chabolas que dan cobijo a los campesinos que vienen a la capital en busca del trabajo y el pan que les falta en sus pueblos, grupitos de gitanos e incluso algunos golfos y maleantes de ínfima categoría. Personajes pintorescos son aun los cazadores furtivos que en los bosques de la cercana posesión real consiguen los conejos e incluso los venados que hacen las delicias de los frecuentadores de los merenderos de las afueras de la población. 

Los chicos, que no caben en las casas, hacen su vida en la calle o los descampados vecinos. Tienen que empezar a trabajar apenas comienzan a saber andar. Para salir adelante las familias necesitan la aportación económica de todos sus miembros y los ocios y juegos de la infancia duran muy poco. Aunque la enseñanza es gratuita en general, frecuentar la escuela durante algún tiempo es un lujo que muy pocos pueden permitirse. El sueño de la mayoría es ingresar como aprendiz en un buen taller, pero son pocos los talleres y demasiados los aspirantes. Los muchachos han de apencar con lo que sea para ayudar a sus padres o a sí mismos. Laboran en la busca; escarban y clasifican las basuras; cuidan de las gallinas y los cerdos; se colocan como botones o recaderos; sirven las tabernas, tiendas, merenderos, etc. y ni aún así consiguen saciar de manera permanente su hambre. Cipriano Mera sigue las vicisitudes y la suerte de casi todos los chicos de su tiempo y barrio. Es un muchacho despierto, atrevido y habilidoso que apenas pisa la escuela y trabaja desde que tiene uso de razón en las más diversas ocupaciones. Al final, igual que muchos de ellos, entra como peón en una obra. Al cabo de unos años puede considerarse un magnífico albañil..."

 


UNA PRODUCCIÓN DE LOS SUEÑOS DE LA HORMIGA ROJA SL
EN COPRODUCCIÓN LIVE DREAMS SARL-FRANCE
Con la colaboración de: IVAC-Generalitat Valenciana, Junta de Castilla-La Mancha, Filmoteca Española, Filmoteca de Zaragoza, Biblioteca Valenciana, Filmoteca de Catalunya, Archivos Historicos de la CNT, Teatro Chapi, Fundación Salvador Seguí y Solidaridad Obrera.